Calidad de datos: la base sin la que el gobierno de datos no funciona

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Sin datos de calidad, un programa de data governance es una estructura vacía. La relación entre ambos conceptos no es complementaria sino constitutiva: la calidad del dato es la condición de posibilidad de cualquier decisión que el gobierno de datos pretenda respaldar. Para los equipos que lideran iniciativas de gobernanza en América Latina, entender esa relación en términos operativos marca la diferencia entre un framework decorativo y uno que genera valor real.

El error más frecuente que cometen las organizaciones al arrancar un programa de gobernanza es tratar la calidad de datos como un proyecto paralelo o posterior. Se definen políticas, se asignan data stewards, se instala un catálogo de datos, y recién entonces alguien pregunta: ¿pero estos datos son confiables? Para ese momento, las decisiones ya se tomaron sobre cimientos inestables. El DAMA-DMBOK 2 es explícito al respecto: la gestión de la calidad del dato (Data Quality Management) es uno de los once knowledge areas del framework, y su integración con Data Governance no es opcional sino estructural.

Qué significa “calidad” en un contexto de gobernanza

La calidad de datos no se reduce a que los registros estén completos o sin errores tipográficos. En un marco de gobernanza robusto, la calidad se evalúa contra dimensiones precisas: completitud, consistencia, precisión, oportunidad, unicidad y validez. Cada dimensión responde a una pregunta de negocio distinta. Un dato puede ser preciso pero inoportuno —llegar fuera del ciclo de decisión—, o consistente en un sistema pero contradictorio al cruzarse con otro. El modelo de John Ladley en “Data Governance: How to Design, Deploy, and Sustain an Effective Data Governance Program” subraya que las reglas de calidad deben derivarse de los casos de uso del negocio, no de criterios técnicos aislados.

Esto tiene una implicancia directa para el diseño del programa: los data stewards —los responsables funcionales del dato en cada dominio— son quienes deben definir qué significa “buena calidad” para su conjunto de datos, no el equipo de IT. Un steward de datos maestros de clientes en un banco tiene criterios de calidad distintos a los de un steward de datos de riesgo crediticio, aunque ambos trabajen con información del mismo cliente. Esta distinción es central en el enfoque de Non-Invasive Data Governance de Bob Seiner, que propone formalizar roles que ya existen en la organización en lugar de imponer estructuras nuevas.

El costo de ignorarlo: casos concretos en la región

En América Latina, la degradación de la calidad de datos tiene consecuencias regulatorias directas. Las entidades financieras en Brasil que reportan al Banco Central bajo el sistema SCR (Sistema de Informações de Crédito) enfrentan penalidades cuando los datos remitidos presentan inconsistencias. En Argentina, la Comunicación A 7724 del BCRA establece requisitos de integridad de la información para los reportes de gestión de riesgo, lo que obliga a los bancos a mantener controles de calidad que —aunque no se llamen así— son capabilities equivalentes a los que define el CDMC (Cloud Data Management Capabilities) del EDM Council. En México, la CNBV tiene requerimientos similares para la remisión de información regulatoria periódica.

Más allá del sector financiero, organizaciones con grandes volúmenes de datos personales enfrentan un riesgo adicional: datos de baja calidad pueden derivar en tratamientos incorrectos de información personal, lo que en jurisdicciones con leyes activas como la LGPD brasileña o la Ley 25.326 argentina puede traducirse en incumplimientos con consecuencias sancionatorias. Un registro duplicado mal gestionado puede implicar el envío de comunicaciones a personas que ya ejercieron su derecho de supresión.

Qué hace un CDO con esto el lunes

El punto de entrada más práctico es el data quality scorecard por dominio. Antes de expandir el catálogo de datos o incorporar nuevas fuentes al data lineage, un CDO debería poder responder tres preguntas por cada dominio crítico: ¿cuál es la tasa de completitud actual?, ¿existe un SLA de calidad definido y acordado con el negocio?, y ¿hay un data steward asignado con capacidad de escalar issues de calidad? Si alguna de las tres respuestas es “no sé”, ese dominio es el punto de partida.

  • Mapear los dominios de datos críticos para el negocio y asignar un data steward con mandato explícito sobre calidad.
  • Definir al menos tres dimensiones de calidad medibles por dominio, con umbrales acordados con stakeholders de negocio.
  • Integrar los controles de calidad en el pipeline de datos, no como paso posterior sino como gate de ingesta.
  • Establecer un proceso de escalamiento claro cuando un dataset no alcanza el umbral mínimo de calidad para ser usado en decisiones.
  • Revisar si los controles de calidad actuales cubren los requisitos de reporte regulatorio aplicables en la jurisdicción.

Herramientas como Great Expectations, Monte Carlo o los módulos nativos de calidad en plataformas como Collibra o Alation permiten automatizar buena parte de este monitoreo, pero la automatización sin ownership humano reproduce el problema a mayor velocidad. La tecnología es el habilitador; el data steward es el responsable.

Gobernanza sin calidad es solo burocracia

Los programas de data governance que no resuelven el problema de calidad generan uno nuevo: una capa de procesos y documentación que le da a la organización la ilusión de control sin el control real. Los comités se reúnen, las políticas se aprueban, el catálogo crece, y las decisiones siguen tomándose sobre datos que nadie confía del todo. Esa desconexión entre la estructura de gobernanza y la realidad del dato es, según el Data Governance Institute, una de las causas principales de abandono de iniciativas de este tipo en los primeros dos años.

Un programa de gobernanza se mide, en última instancia, por si los datos que produce son usados con confianza. Todo lo demás es arquitectura.

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