En junio de 2024, una pequeña empresa llamada Zanskar adquirió una planta geotérmica en Nuevo México que estaba en franca caída. El agua que emergía del reservorio subterráneo se enfriaba día a día, tornando la operación económicamente inviable. Dos años después, según se informó, esa misma planta opera nuevamente a plena capacidad. La historia detrás de esa recuperación dice mucho sobre el momento que atraviesa la industria energética global —y sobre lo que podría replicarse en América Latina.
Un activo descartado que volvió a producir
La geotermia tiene una característica que la distingue de otras renovables: sus recursos están fijos en el subsuelo. No se puede reubicar un yacimiento de vapor como se traslada un panel solar. Cuando un reservorio comienza a perder temperatura, la tendencia histórica fue simplemente abandonar la inversión.
Zanskar apostó a una lógica distinta. En lugar de asumir que el recurso estaba agotado, la empresa aplicó nuevas herramientas de modelado geológico e interpretación de datos sísmicos para entender con mayor precisión la dinámica del reservorio. El diagnóstico reveló que el problema no era el fin del recurso, sino una gestión subóptima de la extracción. Con ajustes técnicos y, según se informó, la perforación estratégica de pozos adicionales, la planta recuperó su capacidad operativa completa.
El caso ilustra una tendencia más amplia: la aplicación de analítica avanzada y modelos predictivos a infraestructura energética que, bajo criterios tradicionales, habría sido desechada.
El dato que cambia la ecuación
Lo que hace relevante este caso no es solo el rescate en sí, sino el método. La industria geotérmica históricamente careció de las herramientas de datos sofisticadas que sí existen en la extracción de hidrocarburos. Zanskar, según se informó, trabaja precisamente en cerrar esa brecha: utiliza inteligencia artificial y grandes volúmenes de datos geofísicos para identificar y optimizar recursos geotérmicos que otras empresas pasan por alto.
Esta capacidad de data intelligence aplicada a recursos naturales plantea, a su vez, preguntas relevantes sobre gobernanza de datos en el sector energético. ¿Quién es titular de la información generada por sensores instalados en suelo concesionado? ¿Cómo se protegen los datos sísmicos y de subsuelo que pueden tener valor estratégico para el Estado?
Implicancias para América Latina
La región tiene un potencial geotérmico considerable y, en gran medida, subutilizado. México cuenta con plantas en operación desde los años setenta —como el campo de Cerro Prieto, en Baja California— pero la expansión ha sido lenta. Centroamérica, los Andes y la Patagonia argentina encierran recursos que permanecen sin explotar por barreras técnicas, regulatorias y financieras.
El modelo de Zanskar —comprar activos depreciados, reactivarlos con datos y venderlos o operarlos con nueva eficiencia— podría tener réplica en mercados como Chile, Perú o Argentina, donde existen concesiones geotérmicas con escasa actividad. Sin embargo, para que eso ocurra, es necesario un marco regulatorio que contemple la naturaleza sensible de los datos involucrados.
En Brasil, la Lei Geral de Proteção de Dados (LGPD) ya obliga a las empresas que operan infraestructura crítica a definir bases legítimas para el tratamiento de datos. En México, la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares (LFPDPPP) establece obligaciones similares, aunque su aplicación al sector energético sigue siendo difusa. Argentina, con la Ley 25.326, enfrenta el desafío de actualizar su normativa para capturar escenarios donde los datos operativos de infraestructura crítica se convierten en activos comerciales.
Gobernanza de datos energéticos: una deuda pendiente
El caso de la planta en Nuevo México anticipa un debate que América Latina deberá dar con más urgencia: cuando una empresa privada genera, procesa y monetiza datos de recursos naturales del subsuelo —que en muchos países son propiedad del Estado—, ¿cuál es el régimen jurídico aplicable?
Las autoridades de protección de datos de la región han avanzado en regular el tratamiento de datos personales, pero la gobernanza de datos operativos e industriales vinculados a recursos estratégicos permanece en una zona gris. Colombia, que cuenta con una de las autoridades de protección de datos más activas de la región —la Superintendencia de Industria y Comercio—, podría liderar una discusión que hoy no tiene referente claro.
La geotermia rescatada en Nuevo México es, en definitiva, una historia sobre datos bien usados. La pregunta para la región es si las reglas del juego estarán listas cuando ese modelo llegue a sus fronteras.

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