Por Facundo Malaureille — Data Governance Latam
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) anunció el lanzamiento del *Sistema de Finanzas Abiertas (SFA), un esquema que combina dos componentes complementarios: **Open Finance, que permite a los usuarios compartir su información bancaria con otros bancos y billeteras virtuales, y *Open Data, que suma datos de organismos como ARCA y ANSES.
La promesa del modelo es contundente: si los usuarios habilitan el intercambio de su información financiera, las entidades competirán por ofrecerles mejores tasas, productos más adecuados a su perfil y acceso al crédito a sectores hoy excluidos del sistema formal. Pero detrás del titular, el SFA plantea desafíos estructurales que deben analizarse con la lente de la gobernanza de datos.
Los principios que sostienen el sistema
El BCRA estableció cuatro principios rectores que, en términos de protección de datos personales, son los correctos:
• El usuario es dueño de sus datos.
• Decide con quién los comparte.
• Habrá consentimiento previo.
• Existirá trazabilidad y control de acceso.
Estos principios son consistentes con los marcos regulatorios modernos de la región — la LGPD en Brasil, la actualización de la Ley 19.628 en Chile, los regímenes de Uruguay y México — y con las mejores prácticas internacionales como el GDPR europeo. Sin embargo, los principios son solo el punto de partida. La verdadera prueba está en la implementación.
El desafío real: el consentimiento
El reto principal del SFA — y de cualquier sistema de open finance en el mundo — es diseñar un método de consentimiento claro, simple y transparente. Esta es la pieza más sensible del modelo y donde se concentran la mayoría de los riesgos.
Un proceso complejo o confuso puede reducir drásticamente la adopción. Pero un proceso demasiado simplificado puede llevar a que los usuarios consientan compartir datos cuyo alcance no dimensionan correctamente. La experiencia internacional muestra que el equilibrio entre fricción y comprensión es difícil de calibrar.
En la práctica, el consentimiento informado debe traducirse en interfaces que comuniquen con claridad qué datos se comparten, con qué entidad, durante cuánto tiempo, para qué finalidad específica, y cómo el usuario puede revocar el permiso. No es un detalle de experiencia de usuario: es el corazón regulatorio del sistema.
Riesgos que no se pueden ignorar
Los datos financieros están entre la información más sensible que un individuo genera. Su circulación entre múltiples actores multiplica las superficies de ataque y los puntos potenciales de filtración. Algunos riesgos concretos:
• Filtraciones y ciberataques. Cada nueva entidad que accede a los datos es un nuevo eslabón en la cadena de seguridad.
• Uso indebido. Datos compartidos para una finalidad pueden ser reutilizados con fines distintos si no hay controles efectivos.
• Asimetrías de información. Las grandes entidades con mayor capacidad analítica pueden capturar más valor del intercambio que los propios titulares de los datos.
• Discriminación algorítmica. Un mejor scoring crediticio para algunos puede traducirse en peores condiciones para quienes no comparten datos o cuyo perfil no encaja en los modelos predictivos.
El BCRA tendrá que definir con precisión qué datos entran al sistema, cuáles quedan excluidos por su sensibilidad, y qué estándares técnicos y de seguridad serán obligatorios para las entidades participantes.
Lo que el SFA puede destrabar
Con todas estas advertencias, no hay que subestimar el potencial transformador del modelo. Un sistema bien implementado puede mejorar el scoring crediticio incorporando información alternativa, acercar el crédito formal a sectores históricamente excluidos, habilitar productos más personalizados y onboarding más rápido, incrementar la competencia entre bancos y billeteras, y facilitar nuevos modelos como la iniciación de pagos entre entidades distintas.
La experiencia de Brasil con Open Finance, hoy uno de los sistemas más avanzados del mundo, demuestra que cuando la infraestructura técnica y el marco regulatorio están alineados, los beneficios se materializan. Argentina llega más tarde, lo que es una desventaja en velocidad pero una ventaja en aprendizaje: puede observar qué funcionó y qué no en otros mercados.
Lo que viene
El sistema está aún en etapa de definición técnica. Y es justamente en esta fase donde se juegan los detalles que harán la diferencia entre un sistema que protege a los usuarios y uno que solo redistribuye su información hacia los actores con mayor capacidad de explotarla.
Para los profesionales de la gobernanza de datos en Argentina y en la región, el SFA representa una oportunidad concreta de incidencia: en la definición de estándares de consentimiento, en los criterios de minimización de datos, en los mecanismos de auditoría, en los protocolos de respuesta ante incidentes. La conversación técnica que se está abriendo no debería quedar reservada solo a actores financieros y tecnológicos. La gobernanza de datos tiene un lugar — y una responsabilidad — en esta mesa.

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