La ciudad de Cleveland adoptó un modelo de gobernanza de datos hub-and-spoke para coordinar el uso de información entre dependencias municipales sin centralizar el control en una sola unidad. La apuesta refleja una tendencia creciente en el sector público: descentralizar la operación sin perder la coherencia del marco de gobierno. Para los gobiernos locales de América Latina que aún operan con silos departamentales y sin una estrategia formal de datos, el caso ofrece lecciones concretas.
Qué es el modelo hub-and-spoke y por qué importa en el sector público
El esquema hub-and-spoke —nodo central y radios— es un patrón organizacional que separa la definición de políticas y estándares (el hub) de la ejecución y custodia operativa de los datos (los spokes). En el contexto de gobernanza de datos, el hub suele ser una oficina o comité central de gobierno —con participación del Chief Data Officer o equivalente— que establece definiciones maestras, lineamientos de calidad y reglas de acceso. Los spokes son las áreas de negocio o dependencias que implementan esas políticas sobre sus propios dominios de datos, con data stewards designados que actúan como puente entre la política central y la realidad operativa de cada unidad.
Este modelo está documentado en el DAMA-DMBOK como una de las estructuras organizacionales recomendadas para programas de data governance, particularmente en organizaciones grandes con múltiples dominios temáticos. Su ventaja frente a un esquema puramente centralizado es la escalabilidad: el hub no necesita conocer cada dataset de cada dependencia, sino garantizar que los stewards de cada spoke operen con el mismo lenguaje de datos. En un municipio grande, eso puede significar la diferencia entre un programa de gobernanza que funciona y uno que muere en el primer año por falta de adopción.
Lo que Cleveland implementó
Según se informó, Cleveland articuló su programa en torno a una oficina central de datos que define los marcos de referencia —incluyendo diccionario de datos, criterios de calidad y políticas de acceso— mientras cada área municipal opera como spoke con responsabilidad sobre sus propios activos de información. La clave del diseño no es técnica sino organizacional: los data stewards de cada dependencia tienen autoridad formal para tomar decisiones sobre sus dominios, pero dentro de los límites que fija el hub. Esto reduce la fricción política que suele paralizar los programas de gobernanza en el sector público, donde ninguna área quiere ceder control sobre sus datos a una unidad central.
Un elemento destacado es la institucionalización del rol de data steward —no como función informal sino como responsabilidad explícita dentro del organigrama. Bob Seiner, referente del enfoque Non-Invasive Data Governance, sostiene que asignar responsabilidades de datos a personas que ya las ejercen informalmente —en lugar de crear estructuras nuevas— es la forma más efectiva de lograr adopción en organizaciones complejas. Cleveland parece haber seguido una lógica similar: formalizar lo que ya ocurría de facto en cada área, pero con estándares comunes.
El lunes por la mañana: qué puede hacer un CDO con esto
Para un Chief Data Officer o responsable de gobierno de datos en un municipio o entidad pública latinoamericana, el modelo de Cleveland ofrece un punto de partida accionable. Antes de replicar la estructura, conviene responder tres preguntas operativas:
- ¿Existen ya personas en cada área que, de facto, responden consultas sobre los datos de su dependencia? Esos son los data stewards naturales — el primer paso es identificarlos y darles mandato formal.
- ¿Hay un inventario mínimo de los datasets críticos por área, con owner definido y criterio de calidad documentado? Sin eso, el hub no tiene sobre qué legislar.
- ¿La oficina central de datos tiene autoridad para definir estándares o solo hace recomendaciones? Sin poder de definición, el hub se convierte en un comité consultivo sin efecto real.
Si las tres respuestas son negativas, el esfuerzo inicial debería concentrarse en el mapeo de activos y la designación formal de stewards —no en la tecnología. Un catálogo de datos sin ownership asignado es un documento muerto.
El contexto latinoamericano: gobiernos locales sin CDO formal
En América Latina, la gobernanza de datos en el sector público sigue siendo incipiente. Brasil avanzó con la Lei Geral de Proteção de Dados (LGPD) en la gestión de datos personales, lo que obligó a muchos municipios a designar un Encarregado de Dados —equivalente al DPO europeo— pero sin necesariamente desarrollar capacidades de gobierno de datos más amplias. En Argentina, la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales impone obligaciones a organismos públicos sobre la gestión de registros personales, pero la mayoría de los municipios opera sin una estrategia de datos documentada. En México, el INAI supervisa el cumplimiento de la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, pero el ecosistema municipal público queda en gran medida fuera del radar regulatorio.
Esta brecha entre obligación legal y capacidad operativa es precisamente donde un modelo como el hub-and-spoke resulta más útil: no requiere inversión tecnológica significativa en la fase inicial, puede implementarse con recursos humanos existentes y genera valor visible —datos más confiables, procesos de respuesta a solicitudes de acceso más ordenados— en plazos cortos. Ciudades como Bogotá o Buenos Aires, que ya cuentan con alguna infraestructura de datos abiertos, tienen una base sobre la cual construir spokes departamentales sin partir de cero.
La pregunta no es si el gobierno local necesita gobernanza de datos — lo necesita desde hace años. La pregunta es si hay voluntad política para darle a alguien la autoridad real de decir qué es un dato confiable y qué no.

Deja un comentario